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Dice
la leyenda, que aquél que beba
de las fuentes de Cercedilla, no se
hará viejo. Y parece ser verdad.
A menudo camino por los montes de Cercedilla
y me encuentro con multitud de jóvenes
de casi cien años que continúan
recorriendo sus caminos y bebiendo agua
de sus fuentes.
Siendo niño, una noche muy cruda
de invierno, en la que los dedos de
pies y manos parecían no ser
tuyos, y el aire resoplaba bajando por
el hueco de la chimenea produciendo
silbidos, mi abuela nos contó
una leyenda que dijo que se la oyó
a su abuela.
Cuando ni tú ni yo habíamos
nacido y los hombres iban con taparrabos
porque el Carrefour aún no había
venido, llegó hasta estos lugares
un dragón muy cansado por haber
recorrido medio mundo buscando LA FUENTE
DE LA ETERNA JUVENTUD. Sabía
que esta fuente, se hallaba en el lugar
donde estuviera la veta con el cristal
de CUARZO más puro. El dragón
caminaba lentamente porque sus patas
apenas podían moverse por las
enormes ampollas que tenía bajo
su pie maltrecho. Buscaba y rebuscaba
arañando la tierra con las garras
del pie izquierdo, una señal
que le mostrara la pureza de las piedras
del lugar. No tuvo la prudencia necesaria
para cambiar su energía desde
la izquierda a la derecha. Algunas personas
de hoy en día continúan
sin darse cuenta de la importancia de
esa alternancia. Mil veces buscó,
mil veces no halló. En la búsqueda
de la cuarcita más pura llegó
hasta La Capadocia en la región
histórica de Anatolia, en aquellos
tiempos llamada Persia, antes llamada
Asíria, antes llamada Nosé.
Todas sus piedras volcánicas
removió una a una, después
de mucho tiempo y no sé qué
más, hundido en una gran “frustrade”
hoy llamada depresión regresó
a su lugar natal Sinyentullojajaja,
después llamada Tumbucajojojo,
hoy llamada Zhangjiajie, las montañas
más bellas de China.
Un viejo pescador que faenaba en el
Lago Baofeng sobre un grueso tronco
de caña de bambú, cuyo
único arte de pesca era un cormorán
al que le ponía un lazo en el
cuello para que no se tragara el pescado,
le contó que en un lugar muy
remoto llamado Kebonita, después
llamado Hispania, hoy llamado España,
existía un lugar maravilloso,
donde en lo mas recóndito de
sus pinares, se encontraba una colosal
gruta tallada en la más dura
piedra de granito que en el mundo hubiera.
En su parte más profunda, hallábase
la roca de cristal del cuarzo más
puro que jamás se hubiera visto.
De ella manaba LA FUENTE DE LA ETERNA
JUVENTUD.
Por todos es sabido, que el cristal
de cuarzo tiene propiedades piezoeléctricas,
eso le convierte en ese material maravilloso
que mide con mayor precisión
el tiempo. Con el cuarzo algunas sustancias,
como por ejemplo el agua, presentan
moléculas denominadas moléculas
polares. En ellas el centro de las cargas
positivas no coincide con el centro
de las cargas negativas y, por tanto,
hay una asimetría en la distribución
de cargas en la molécula. Se
concluye que este agua imantada pudiera
tener propiedades que alarguen la vida
de las células indefinidamente.
Pero sigamos con la leyenda, mil noches
y tres días tardó el dragón
en llegar a Cercedilla. Nunca sabremos
dónde está esa cueva,
ni siquiera si dentro de ella continúa
el dragón, lo que sí sabemos
es que vivimos en un pueblo maravilloso
que hay que recorrer palmo a palmo,
conocer todos sus rincones, caminar
por todas sus lindes y beber de todas
las fuentes del monte, para sentirse
vivo. No sea que la leyenda sea verdad.
Esta leyenda debe ser muy antigua, en
la Edad Media a los Siete Picos se les
llamaba la Sierra del Dragón
porque a nadie se le escapa que las
cimas de los Siete Picos pertenecen
sin duda, a las crestas que tienen los
dragones en el espaldar. Aunque no termino
de creer en la leyenda, voy a diario
al monte, recorro sus senderos y bebo
de las fuentes.¡Por si acaso!
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